Mini relato

21 enero 0 Comments A+ a-

1. Un cambio inesperado
Debíamos atraparla, aún no sabíamos por qué, pero debíamos atraparla. Cuando paso por nuestro lado, nos dio la sensación de que huía de algo, pero no teníamos mucho tiempo para pararnos a pensar, nuestras órdenes eran muy claras, el jefazo en persona, el hijo de un antiguo militar muy condecorado, había aparecido ante nosotros para darnos instrucciones sobre esta misión. Nuestro objetivo: capturar a un miembro de un clan enemigo. No nos dio más información, sencillamente no la necesitábamos, el mero hecho de salir del agujero donde teníamos que pasar el resto de nuestras vidas era más que suficiente. Pero por muy excitante que nos pareciera, la rapidez era algo importante, ya que una vez localizada, había que capturarla y llevarla al campamento antes de la hora fijada. Era cosa de vida o muerte, literalmente, puesto que este sería levantado y quién no estuviera allí sería abandonado a su suerte.
Alce mi mano solo para cerrar mi puño y atrapar entre mis dedos el viento que levantó al correr tan cerca de mí, la condenada corría realmente rápido y en mi cuadrilla no éramos miembros olímpicos precisamente. Nuestro objetivo era rubia, no muy alta y con un gesto de profundo dolor en el rostro que ahora lucía más concentrado y rojo a causa de la carrera, de alguna forma uno de mis compañeros adivinó un giro a la izquierda que pretendía despistarnos y, en parte, lo consiguió, al menos con el resto de nosotros.
La atrapó casi al vuelo, mientras ella saltaba para esquivar los restos de lo que parecía la puerta de un monovolumen. La ‘jodía’ tenía fuerza, cuando se revolvió entre sus brazos casi consigue zafarse, pero por suerte ya estábamos cerca y conseguimos reducirla. Las malas noticias eran que nos habíamos alejado bastante del campamento y casi no disponíamos del tiempo necesario para regresar.
La chica no paraba quieta, nos hizo parar en varias ocasiones, estaba oscureciendo y ya temíamos llegar tarde, pero, de nuevo por suerte, aún quedaban los últimos resquicios del gran campamento. Algunos de nuestros compañeros seguirán recogiendo y cargando las provisiones que habían encontrado y que llevarían a nuestro agujero.
Uno de los que estaban al mando se nos acercó, miró con cuidado a nuestra presa, y tras evaluarla por un momento decidió que era lo que estábamos buscando. Nos pidió que le metiéramos en uno de las pequeñas furgonetas que aún funcionaban y la custodiamos durante un par de minutos hasta que llegó acompañado del jefazo.
Para nuestra sorpresa nos lo agradeció, las recompensas llegarán a nuestro alojamiento en el agujero y nos indicó cual era nuestro transporte. Gratamente subimos en él, fue un viaje muy ameno, todos estábamos contentos tras nuestra captura, una alegría que se esfumó cuando algo atacó el vehículo. Al principio no vimos nada, todo era dolor y confusión, el aire adquirió el característico olor a sangre tan frecuente estos días. El conductor cegado por la colisión se estrelló contra unas ruinas que estaban esparcidas por el margen derecho de la carretera. No supe que estaba muerto hasta que el copiloto intentó agarrarse a su brazo desesperadamente, algo estaba tirando de él, algo invisible, por lo menos en ese momento. Me costó darme cuenta de que la cosa que tiraba de sus piernas, había hecho desaparecer al compañero que se sentaba a mi derecha, si me hubiera dado cuenta quizás me habría dado tiempo a correr, pero no, me quedé mirando como un tentáculo lleno de cuchillas se agarraba a mi cuello, todo se volvió negro, nada era real, esa cosa solo se hacía visible cuando nuestra sangre tocaba su cuerpo. Habría estado bien saberlo antes, en el último segundo de mi vida pude ver como la sangre brotaba de todos y cada uno de los compañeros que estaban a mí alrededor y como la angustia se reflejaba en sus caras, mientras que nuestro atacante, eufórico, disfrutaba con el dolor y el sabor de nuestra muerte.